HISTORIA

 

 

 

 

La historia comienza en el año 1927 cuando un joven y visionario confitero alemán se instala en una casona de Américo Vespucio esquina Millán y aplica en esta tierra el oficio aprendido en la Escuela de Confiteros de Stuttgart.
En 1922 ante una Europa convulsionada el emprendedor confitero se dirige a Brasil, donde por diversas conyunturas de la época no logra la estabilidad que buscaba y parte nuevamente hacia una ciudad que se levantaba junto a un gran río y se comentaba que estaba en pleno crecimiento. Al fin de 1924 pisa la tierra que lo retendría definitivamente.
Luego de trabajar en las confiterías más afamadas del momento como “El Telégrafo” y “Moulin D’Or” en 1927 logra transformar su sueño en realidad.

El trabajo sería más duro y el descanso casi inexistente, pero igual valdría la pena. Es así que el joven alemán trabajaba en las madrugadas preparando los productos y en la tarde se dedicaba a repartirlos.
Las bases de la actual empresa se estaban forjando, voluntad, dedicación al trabajo, labor manual con mucho de artesanía que encerraba el secreto de las antiguas tradiciones de familias alemanas.
La empresa fue creciendo, ya que no solo la colonia alemana disfutaba de sus productos, sino que poco a poco los naturales del país los fueron aceptando.


El primer vehículo de reparto, es una clara demostración que ante la nostalgia y orgullo de nuestros ojos muestra los primeros pasos de la confitería.
En 1928 Don Hermann Stahl toma en matrimonio a Doña Catalina Weige, de ahí en más su compañera, madre de su hijo y una importante e incansable ayuda para cimentar el crecimiento de su empresa.
El joven confitero forjó un próspero negocio y constituyó una familia, por lo que desde esos momentos su destino quedó ligado a la tierra que tan bien lo recibió.


Al poco tiempo la empresa se ve desbordada de trabajo, resultado directo de la honestidad y la seriedad con que fue encarada la naciente confitería, entonces el negocio y la familia se mudan a Sarandí 285 entre Pérez Castellano y Maciel.
El traslado a la zona céntrica pone a la empresa en contacto con el mundo de los bancos, empresas y un importante público, que lentamente vuelca su preferencia hacia la excelente repostería alemana.


De neta tradición europea el salón de té fue conquistando a las altas esferas de la época, al mismo tiempo que generaba una importante fuente de trabajo, en 1937 la empresa contaba con 35 empleados.
En carnaval de 1933 se muda la confitería, fábrica y familia a la esquina que desde ese año todavía ocupa. El cambio no solo trae aparejado la elaboración de nuevos productos sino que también la incorporación de novedades, como por ejemplo la integración de señoritas para la atención del público, siendo el primer local que lo hacía.


La familia también crecía, y bautizó a su hijo con el nombre de un héroe de la mitología germana, Siegfried. Síntesis de todo el alemán, su comercio llevará el nombre de la ópera que es el prólogo de la trilogía wagneriana referente a la leyenda de los Nibelungos: “ORO del RHIN”


En 1948, Siegfried Stahl se incorpora a la dirección de la confitería, dotándola de una nueva perspectiva aportando elementos renovadores, como las reformas en el local en su aspecto estético, así como innovaciones en la planta industrializadora para aumentar y facilitar la producción.
 

En 1951 se casa con Elfriede Bauer, que supo aunar a su condición de ama de casa, una efectividad total en la atención del local, no por ello descuidando la atención a sus cuatro hijos: Hermann, Verónica, Walter y Catalina. Los mismos, continuando la tradición familiar, colaboraron activamente en la gerencia de la empresa, incluso Hermann al igual que su abuelo estudió dos años en Alemania, donde asistió a la Escuela de Confiteros de Munich.
Todo este trabajo y dedicación, contribuyeron a mantener el constante interés y adhesión del público a la clásica esquina, que siguió y sigue siendo cita ineludible para los montevideanos y extranjeros.


Acompañando los cambios de la sociedad uruguaya, y sin olvidar el constante afán por la calidad y servicio que tuvo el fundador, la empresa decidió acercarse nuevamente al público, por lo que ya en el siglo XXI, Christian Stahl, bisnieto de Don Hermann Stahl, inaugura en mayo de 2002 una sucursal en Punta Carretas Shopping, que contando con el respaldo de la casa central ofrece un excelente servicio de salón de té para los visitantes de ese lugar.
Con el mismo fin en 2009 Christian invitado por librería Yenny a participar en un proyecto conjunto, abren un local en el corazón de Pocitos en Blvar. España y Rambla. Este nuevo local combina el rubro de librería y cafetería, logrando generar un nuevo punto de atracción para todos aquellos que viven o visitan la rambla de Pocitos.  

 

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